“Los libros son ventanas de experiencias ajenas”, Lawrence Schimel

Lawrence Schimel comenzó a escribir cuando terminó de leer todos los libros que tenía a su alrededor.

Con diez años leía novelas de 300 páginas de fantasía y ciencia ficción. Leyó todo lo que tuvo en casa y en la biblioteca de su escuela. En ese momento, cuando no tenía un libro bajo el brazo decidió escribir sus propias historias. A los 16 años publicó sus primeros relatos. Como era menor de edad sus padres tenían que firmar los contratos. Solo podía hacer tres cosas mientras era menor: escribir, enviar las propuestas y recibir rechazos, “porque rechazan mucho”, dice Schimel.

Lawrence nació en Nueva York en 1971 y vive en Madrid, España desde 1999. Escribe en inglés y español y ha publicado más de 100 títulos y sigue recibiendo rechazos de editoriales “no hay que tomarlo personal, sino encontrar el editor adecuado para el proyecto y eso toma su tiempo”. Y eso fue lo que hizo cuando encontró a la editorial Rey Naranjo para trabajar su proyecto Qué suerte tengo que tardó cuatro años en editarse. Hablamos con él sobre su trabajo creativo y este proyecto que presentó en la Feria Internacional del Libro de Bogotá y que ilustró el colombiano Juan Camilo Mayorga.

¿Cómo nace ¡Qué suerte tengo! ?

Lawrence Schimel (L.S.) : Quise contar una historia diferente. En vez de decir “oh, qué pena mi hermano es ciego” construí el relato a partir de las ventajas de la discapacidad visual de José. Con esto, me refiero a que tenga buena memoria porque recuerda dónde está todo en la casa o cuando los padres apagan las luces y él en secreto usa la linterna para seguir leyendo.

¿Cuál es la importancia de escribir sobre temas de inclusión en  literatura infantil? 

L.S.: En mis historias pretendo dar otra cara a muchos temas de inclusión que son más un reflejo del mundo actual, que es diverso y plural.  Me di cuenta que en general no producimos textos para niños que reflejen estas realidades. Para mi los libros sirven primero como espejo, es decir, todos necesitamos vernos reflejados en la cultura y cuando no te encuentras es negativo para el autoestima como para las personas que no te reconocen. Pero también, los libros son una ventana porque acercan a los lectores a experiencias ajenas, ayudan a crear empatía y a reconocer las conexiones.

Te importa hablar de la inclusión porque somos un mundo diverso, ¿existe alguna experiencia personal que te motive a escribir sobre estos temas?

L.S.: No, no tengo una experiencia personal. Por ejemplo, con ¡Qué suerte tengo! en concreto no tengo familiar ni nadie ciego en mi circulo personal, por eso no surge de una necesidad. Es un libro que tiene ambas características de ser espejo y ventana. No es un libro que escribo desde esa experiencia personal, pero identifico la laguna de esas experiencias y escribo un libro para contrarrestar eso.

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¿Cuál fue la ventana que abriste, por ejemplo, con tu libro Somos Iguales

L.S.: Somos Iguales, es un libro que surgió porque me di cuenta que todos los libros sobre niños adoptados solo versan sobre el momento de la adopción y luego desaparecen de la cultura, no hay niños adoptados en otras historias. Entonces esos libros son más espejo que ventana y los padres, no suelen comprarlos, o los maestros, leerlos. Por eso, me pareció importante abrir la ventana al mostrar a los lectores que estas familias son simplemente familias. En el libro nunca dicen que Kwame es adoptado o que por su color de piel sea diferente. Simplemente este personaje ser como sus padres y su hermano porque usan gafas así no tenga problemas de visión.

Y, ¿cómo escribir sobre temas de inclusión sin caer en el error de ser solo espejos?

L.S.: El tema del libro es el sustrato de la historia. Lo más importante es que las ilustraciones reflejen el mundo multicultural implicito en la historia y que se integren los dibujos con la escritura. Cuando se escribe sobre temas de inclusión ocurren varias cosas. Entre ellas, que la temática es el único motor de la historia. Por ejemplo, solo importa si el personaje es ciego y la historia versa sobre la ceguera. En segundo lugar, cuando pretenden crear diversidad familiar, muchas veces no existe tal. Los modelos de familia en la literatura infantil todavía tiene un vacío en esa representación femenina como las madres solteras. En tercer lugar, los prejuicios se manifestan pasiva y activamente. Los niños simplemente viven en el mundo y solo aprenden los prejuicios cuando un adulto les dice algo o les llama la atención. Particularmente, en temas de inclusión, uno de los pecados es ser dogmáticos o pedagógicos, en vez de contar una historia que tiene como trasfondo el tejido social del mundo en que vivimos y que los niños reconocen.

¿Cómo es tu proceso para crear estas historias?  

L.S.: Yo suelo escribir muy rápido, después de un tiempo de pensamiento. Así que muchas veces dejo ideas en reposo o una inquietud. El reto en escribir para niños es hacer accesible sus referencias. Yo creo que uno puede escribir sobre cualquier tema del mundo para jóvenes o adultos, porque ellos viven también en el mundo y no podemos subestimar su inteligencia. Ellos saben qué pasa, reconocen el sexo, la guerra, el conflicto armado y finalmente las noticas están en todas partes. Sería una equivocación no darles la información, lo más nocivo para cualquier persona es la ignorancia. Lo más importante al momento de pensar en escribir para niños es contar una historia divertida que los enganche y que respete su inteligencia.

Entonces, ¿escribir para niños es diferente de escribir para un lector adulto? 

L.S.: Un libro álbum ilustrado, que es el tipo de libro infantil que yo escribo, es distinto a la literatura juvenil o young adult. Este tipo de textos son perfectos cuando los jóvenes tienen poder adquisitivo para elegir los libros que quieren leer y leen cosas muy diversas. Pero cuando eres un niño, son los adultos, las editoriales y las bibliotecas quienes deciden qué comprar, publicar y tener disponible en sus estantes. Por eso existen barreras para que un libro llegue a cierto público. Con un libro álbum hay una doble lectura, un lector joven y un prelector leyendo con un adulto. Así, tienes un adulto leyendo el libro y el niño. Un álbum ilustrado, aunque oficialmente es para niños, el adulto es más participe de la historia al leerlo.

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¿Por qué es clave el apoyo de las editoriales independientes para publicar este tipo de contenidos?

L.S.: La mayoría de veces los temas de inclusión se publican en editoriales independientes porque abogan por esos temas de una manera que muchas de las editoriales comerciales piensan que son solo espejos. Es decir, solo para ese público reflejado y  piensan que no son ventanas para que más lectores puedan abrir y reconocerse.

¡Qué suerte tengo!, es un buen ejemplo. Yo entregué el texto a los editores de Rey Naranjo y tardamos cuatro años hasta que el libro se publicó. Durante ese tiempo  nuestra misión era encontrar el ilustrador correcto. Juan Camilo Mayorga, el ilustrador, logró una narrativa visual genial que hace del libro un gran álbum ilustrado porque se pude leer el texto o la ilustración independiente.

¿Qué consejos darías a los padres para leerle a sus hijos? 

L.S.: Primero, les diría que la lectura no solo es una actividad para hacer justo antes de dormir. Está bien generar el hábito, pero la sociedad en la que vivimos no valora la lectura, no hay modelos de que la lectura es sexy o divertida. Por eso, es importante que los niños vean a sus padres disfrutando de la lectura y de esa manera compartir la lectura con los prequeños. Segúndo, es importante generar la hora del cuento con prelectores desde muy pequeños para que ellos aprendan a pasar la página y conozcan el ritmo de la lectura.

¿En qué proyecto estás trabajando ahora?

L.S.: Este año estoy trabajando una historia sobre el cambio generacional de padres analfabetos a hijos que han aprendido a leer. Lo voy a publicar con una editorial de Brasil. De momento se va a llamar Buenas noticias o malas y es un álbum ilustrado.

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