Glosario de literatura infantil

Aquí encontrarás una serie de palabras que te acompañarán en tu camino a conocer la literatura infantil y juvenil.

Y si me cuentas un cuento quiere ayudarte a comprender algunos términos que te acercarán más al mundo de los libros y de la literatura infantil. 

A continuación vas a encontrar una serie de palabras que te guiarán en tu búsqueda. Iremos actualizando la entrada con más términos que surjan en el camino.

Libro álbum

Según el crítico e investigador venezolano Fanuel Hanán Díaz en el libro álbum (picturebook, en inglés) como concepto,  la relación entre texto e ilustraciones es de tal manera dependiente que los textos no pueden ser entendidos sin las ilustraciones y las ilustraciones carecen de sentido sin los textos. Ahora a este concepto se suma que el libro álbum es un mundo complejo, multimodal donde convergen muchos elementos. Desde el formato, los elementos narrativos o el valor de la doble página. Es un género en permanente construcción.

 

Libro ilustrado

Un libro ilustrado es una historia completa que funciona independiente de la ilustración. Por ejemplo, Caperucita roja y la Bella durmiente. La historia puede ser entendida sin las ilustraciones, incluso si las ilustraciones proveen información adicional.

Libro silente

Dentro de la categoría del libro álbum están los libros sin palabras, mudos o silentes. Estos libros desarrollan su historia a partir de la narrativa visual y está en manos del lector la interpretación y la construcción de significado. En inglés se conocen como wordless picturebook o silent book. Es un libro con muchas posiblidades porque el texto no está del todo ausente.

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Libro Pop-Up

Un libro pop-up es un producto editorial en tres dimensiones. En realidad son verdaderas obras de ingeniería de papel que, según la editorial SM, deben incorporar tres elementos: primero, la transformación de las imágenes, es decir, que las ilustraciones se suceden; segundo, el movimiento donde cobran vida los personajes, escenario y objetos como una animación y, tercero, la tridimensionalidad porque es el elmento que le brinda profundidad y el efecto de relieve a las escenas que presenta.

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Fábula

Una fábula es una narración breve generalmente en prosa o verso. Los personajes suelen ser animales o elementos inanimados que tienen rasgos humanos. La intención de estas narraciones es didáctica porque al final siempre deja una “enseñanza” o un mensaje ético con alguna utilidad. Por ejempo, las fábulas de Esopo como La Liebre y la Tortuga.  

Cuento

Es relato breve oral o escrito donde se narra una historia de ficción o no ficción (suceso real o imaginario) con una serie de personajes que se enfrentan a un inicio, desarrollo, nudo y desenlace.

Adivinanza

Esta palabra me gustaría definirla según el libro ¡No se aburra! de Maité Dautant publicado por la editorial Cataplum: “Una adivinanza es un juego de ingenio escrito en verso cuyo objetivo principal es el entretenimiento. Por lo general, hacen alusión a objetos o situaciones de la vida cotidiana” (p.34).

Hora del cuento

Es un espacio que se genera en bibliotecas o librerías donde los niños participan de una jornada de cuento que dirige un promotor de lectura. Es un momento donde padres e hijos se reunen para escuchar en torno a una voz especial  historias de diferentes autores e intereses.

Bibliored 

Biblioted es la Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá. Es una entidad de la Alcaldía Mayor de Bogotá que promueve la apropiación social de la lectura, la escritura, la cultura, la investigación y las TIC todo con el objetivo de apoyar y mejorar la calidad humana de la ciudadanía y de las poblaciones en condiciones vulnerables. Se creó en 1998 y a la fecha está conformada por 114 espacios de lectura en la ciudad: 10 biblioestaciones en transmilenio, 81 PPP y 23 bibliotecas públicas.

Biblioteca

Es un lugar donde podemos encontrar libros o cualquier tipo de soporte de un texto como publicaciones, revistas, documentos, catálogos, entre otros. Una biblioteca puede ser un estante donde tenemos nuestros libros favoritos en casa pero también puede ser el lugar donde podemos consultar y tomar prestados libros o lo que nos guste. Pronto compartiré una entrada contando más detalles sobre las bibliotecas.

Librería

Una librería es un lugar o establecimiento en el que se venden libros. Las librerías pueden ser de diferentes tipos. Algunas son cadenas con diferentes puntos de venta, otras son independientes y con propuesta editoriales variadas y existen también virtuales que ofrecen un catálogo extenso y que no necesitan tenerlo en físico para ofrecerlo. Pronto les compartiré una entrada hablando más de las librerías.

Guardas

Las guardas son las hojas que unen la cubierta y el interior del libro. Pueden ser unicolor o contener ilustraciones o algún tipo de diseño según el tipo de libro. Las guardas son un elemento importante en la narración porque le ofrecen al lector un indicio de lo que adentro puede estar sucediendo.

Guardas de Willy y Hugo

Literariedad visual

Habilidad para interpretar y construir significado de información presentado en la forma de una imagen.

Profluencia 

“Una historia puede tener un solo mérito. Hacer que la audiencia quiera saber qué es lo siguiente que va a pasar”. Es la necesidad de pasar la página.

Onomatopeya 

De acuerdo con el DRAE, la onomatopeya es la imitación de sonidos reales por medio del lenguaje. En libros para niños es un recurso que se utiliza para, por ejemplo, darle una representación sonora a los sentimientos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tictac, una reseña de El Tiempo de mi Casa

A veces la literatura infantil puede ser más directa y sencilla para abordar un tema como la muerte. Y no hay que temer o preocuparse cuando los niños preguntan sobre la realidad. Nosotros, como mediadores de lectura, podemos encontrar el modo de darle sentido a sus dudas a partir de la conversación que genera una lectura y de las reflexiones personales que tiene cada uno.

Hace poco conocí un título de la editorial independiente Tragaluz que llamó mucho mi atención porque al final del cuento se escondía un pequeño bolsillo donde se guardaba una llave. Y no una llave cualquiera, la llave de un reloj que estará presente siempre en la historia.

El tiempo de mi casa, del autor colombiano Samuel Castaño narra de qué manera la muerte cambia la rutina de una familia. La voz narrativa es de un niño, un niño que intenta comprender qué pasó, por qué y cómo regresar a los ritmos que dominaban el andar de su universo.

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En esta historia (y en la vida) el tiempo es una medida relativa. Según el día, el momento o la emoción, las horas, los minutos y los segundos pasan más lento, más rápido o simplemente parecen detenerse.  Y cuando se trata de un duelo a veces volver al tiempo presente no es tan sencillo. El valor de los minutos cambia según quien lo cuente y la llave para que ande está en manos de cada uno.

Es un libro álbum maravilloso que sintoniza el lenguaje y las ilustraciones de una forma  emotiva. Cada una de sus páginas sorprende por los elementos que integra, íntimos y propios del autor. Develó en su narración esa pregunta existencial del tiempo y retoma  las figuras paternales como engranaje de la familia.

No en vano, este título está incluido en el catálogo: Libros altamente recomendados para leer y compartir 2018 de Fundalectura. Además fue seleccionado en 2017 por la Fundación Cuatrogatos como uno de los mejores libros publicados en el último año.

“La ropa no se secaba, las platas no crecían, las flores no se marchitaban …”

Sobre el autor

Samuel Castaño es ilustrador y estudió diseño gráfico en la Universidad Pontificia Boliviariana. Ha ilustrado títulos como En los días tristes no se habla de aves, Fumma de Maqroll el Gaviero y Mil orejas. Este es el primer libro en que las historia como las ilustraciones son de su autoría.

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“Mis cuentos y novelas son mi permanente lucha contra los miedos”, María Fernanda Heredia

María Fernada jamás pensó que sería escritora. Cuando se encontró con el oficio halló una herramienta para desahogar sus miedos, para vivir vidas que no tuvo y para confesar amores que no fueron correspondidos. Negó su talento para contar historias múltiples veces, solo escribía para salvarse, porque era su lugar seguro.

María Fernada jamás pensó que sería escritora. Cuando se encontró con el oficio halló una herramienta para desahogar sus miedos, para vivir vidas que no tuvo y para confesar amores que no fueron correspondidos. Negó su talento para contar historias múltiples veces, solo escribía para salvarse, porque era su lugar seguro.

Hablé con ella como lectora de sus historias y como admiradora se su libro Amigo se escribe con H. También hablamos de sus miedos, de la ficción y, por supuesto, de la infancia.

Si bien es cierto que, la construcción del concepto de infancia está dada por un momento, lugar y una interpretación de ese mundo sobre quién es el niño: ¿Cuál es, en tu experiencia como autora, la definición actual de infancia? ¿Quién es ese público para el que escribes?

Cada vez me lo pregunto más. Dos o tres veces por semana visito colegios y encuentro en los niños ciertas similitudes con la niña que fui cuando era pequeña. Encuentro en ellos pequeños rasgos como la inocencia, la travesura, la curiosidad, la intensidad de ciertas emociones y los miedos. Sin embargo, existen grandes diferencias en el entorno en el que hoy se desarrolla esa infancia y en el que yo viví.

Ahora me parece que la infancia está expuesta más que nunca a distintas formas de violencia. Los niños se sienten tocados por la política mundial, no son ajenos a lo que ocurre. Por eso, la generación crece con ese “run-run” de palabras que se vuelven cotidianas en su contexto como corrupción o violencia sexual. Se forman conceptos a partir de todo eso que resuena. Por eso creo que la infancia ahora es una etapa poco infantil, si la relacionamos con los niños que fuimos antes.

Ahora son más vulnerables, con menos posibilidad para la ternura, para la inocencia y muchas veces crecen en solitario por la ausencia de sus padres, que trabajan todo el tiempo o los dejan al cuidado de terceros. Parecería que todos los recursos de los que hoy disponemos de información y educación deberían de proveerles a estos niños de una vida, de un escenario vital mucho más cuidado, pero ocurre exactamente lo contrario.

Así como la idea de que el concepto de infancia ha evolucionado con el tiempo, también cambian las ideas sobre cómo debería ser o tener un libro para niños. En ese sentido: ¿Cuáles son los elementos que desde tu mirada debe ofrecer este tipo de libro?

Primero me pregunto: ¿Cuál es la literatura que deberíamos proponer a los niños? Y ¿Cuál es la que se están encontrando más a la mano, la literatura que los maestros prescriben o  la que los padres están eligiendo?

Ahora me encuentro con una serie de libros o corriente de libros, si puedo llamarla así, que pretende ayudar a los niños a sortear las dificultades que los rodean. Por ejemplo, aprender a manejar sus emociones, o hablar sobre el divorcio, la soledad, los miedos. Muchos de estos textos se convierten en un soporte y ayuda para que los pequeños puedan asumir sus dificultades, si es que deberíamos llamarlas así. Es una literatura infantil, que llega con subtítulos “este libro para” trabajar emociones, la muerte o la misma vida.

Un libro tiene que ser, sobre todo, una buena compañía. El libro infantil tiene que ser entretenido, divertido, ese objeto que el niño no quiere dejar ahí. Por eso la literatura infantil tienen la maravillosa posibilidad que tiene toda la literatura, más allá de para qué publico sea, su misión es acompañar, entretener, ser una fuente de imaginación, es una ventana para escaparte de la realidad.

Y ahora lo que veo es cómo las editoriales te piden orientar su catálogo a temas como el matoneo, por mencionar un tema. Te indican de qué hablar y aunque es importante referirse a ciertas cosas, no podemos dejar de lado que la literatura es literatura. No es un género de autoayuda, la literatura no hará las veces de psicólogo, ni de pedagogo, ni de padre, la literatura tiene otra función.

¿Cuál fue tu primer momento lector?

Es un momento que tengo muy claro. Fui una niña tremendamente tímida, tímida de tener que ir al psicólogo, no hablaba con nadie, tenía miedo de ir al colegio y de que mis papás me abandonaran. Una niña incapaz de relacionarse con otras niñas. Para mi el colegio fue una cosa horrible.

Pero a los 11 años me ocurrió algo buenísimo. Me enfermé de hepatitis y eso me obligó a estar encerrada un mes en mi cuarto, sin televisión. A mí me fascinó porque no iba al colegio.

Me pasé cuatro semanas enferma y en la primera ya estaba aburrida porque se iban acabar las cosas que hacer. No era una niña lectora y mi familia tampoco.

Un día de sorpresa me visitó mi tía y trajo con ella un regalo, era un libro. En ese momento pensé que era el peor regalo, que me iba aburrir.  Pero como no tenía nada más que hacer leí el libro, era nada más y nada menos que Las Aventuras de Tom Sawyer. ¡Desde ese día, morí de amor!

Las Aventuras de Tom Sawyer fue el libro que definió el primer momento lector de María Fernanda Heredia.

Ese libro me pareció que era lo más maravilloso que me había pasado. Lo disfruté mucho pero apenas había pasado una semana y me quedaban tres de encierro. Entonces, con esa experiencia tan fresca de haber podido escapar de mi hepatitis gracias a Tom Saywer, abrí mi cajón y allí encontré un diario. Uno que nunca había escrito porque nunca tenía nada que contar pero que ahora me motivaba a crear mis propias historias.

Entonces leer y escribir nacieron al tiempo …

Sí y comencé escribir sobre esa vida que no tenía y  a crear mil historias. Me inventé una vida de una niña que se llamaba como yo y que tenía 11 años, como yo, pero ella era toalmente distinta. Ella era divertida, tenía amigas, no era tímida, ella viajaba, era linda, tenía novio.

Esa primera lectura de Las Aventuras de Tom Sawyer y esa escritura que surgió de mi diario, de esa vida que comencé a inventar, porque la mía no me gustaba, se convirtieron para mi en mis superpoderes.

Cuando pasaron las semanas y el médico regresó a mirar como seguía me dijo que ya estaba curada. Me dijo: “María Fernanda, desde mañana puedes hacer tu vida normal otra vez”. Y recuerdo que él me lo dijo como si fuera la mejor noticia pero para mí era la peor  porque lo normal no me gusta, la normalidad es horrible.

Con los nuevos superpoderes que tenía, prefería quedarme a vivir en esos dos espacios que me habían logrado sacar de la realidad. Para mi ese libro y mi diario lograron lo más extraño y maravilloso en mí, me dejaron ver que podía escapar, que había otro espacio para mí y que no estaba condenada a solo vivir en la realidad.

Gracias al encierro me encontré con la literatura y nunca más me volví a sentir sola. La lectura y la escritura vinieron gracias a mi hígado enfermo, siempre le estaré agradecida a la hepatitis.

Y así como llegó la lectura y la escritura, te inclinaste en tu carrera profesional por el diseño gráfico, entonces ¿cuándo llegó el dibujo?

Yo no pensaba que escribir pudiera ser una actividad a la que pudiera dedicarme. Para mí escribir y leer era tan divertido como jugar en la calle o montar bicicleta. Desde los 11 años no he parado de escribir. Pero a los 17 años cuando salí del colegio y elegí una carrera, la escritura no estaba en mis opciones y no me consideraba escritora. A mi me gustaba dibujar, era una actividad que podía hacer sola y como había sido tímida, cualquier cosa que me condujera a la soledad me hacía sentir segura y fuerte. Cuando tomé la decisión opté por diseño gráfico para ilustrar libros y cuentos. Eso sí en los cuatro años de carrera no dejé de escribir.

Aún así la vida te encaminó hacia la escritura …

Sí y ocurrió algo que marcó mucho mi camino. En una ocasión, cuando era estudiante de diseño vino a Quito, Ecuador, el escritor e ilustrador brasileño Ziraldo Alves Pinto. Yo lo admiraba muchísimo porque en la carrera habíamos estudiado sus obras y una especial, Flicts, que era brillante por la cromática, los símbolos y la sencillez para escribir.

Flicts, Ziraldo

Entonces asistí a la conferencia que iba a dictar y llevé mi portafolio de dibujos en todas las técnicas posibles para enseñárselos. Llegué como cuatro horas antes de la conferencia para garantizar la primera fila. Esas ilustraciones las hice en función de un cuento infantil que escribí, uno sencillo al que no presté atención porque era más importante la imagen para ese propósito y además en ese momento me sentía orgullosa de los dibujos.

Durante la espera apareció Ziraldo y me preguntó por qué estaba tan temprano en la charla si no había empezado. Le conté mi historia y bueno dije todas esas cosas ridículas que uno le dice a las personas que admira.

Ziraldo, me dijo que le enseñara mis dibujos. Así lo hice y expliqué cada uno de ellos. Cuando terminé él me sonrió y me dijo: “¿Supongo que quieres mi opinión?” Yo le dije “¡Por supuesto!” y entonces procede: “Como ilustradora eres bastante mala pero deberías darte cuenta de que aquí lo que vale es el cuento, tú eres escritora”.

Entonces, me decepcioné mucho e insistí en que quería ser ilustradora. Ziraldo me volvió a responder : “Si quieres ser ilustradora de cuentos no te voy a contradecir, tu eliges tu camino. Vas a mejorar pero nunca vas a ser excepcional. En todo caso, tú eres escritora, no pierdas el tiempo”.

Y yo pensé, en ese instante, que me decía eso porque me quería confundir, porque mis ilustraciones estaban tan mal que sus comentarios eran un consuelo. Entonces me enojé, me quedé en la charla y me volvió a mirar cuando se fue y reiteró: “No pierdas el tiempo, valen son tus historias”.

Aún así no le creí y trabajé durante 10 años como diseñadora en publicidad. Seguí escribiendo en paralelo sin saber que eso me conduciría a la literatura.

Pareciese que la escritura y la ficción te ayudaron a encontrarte …

La ficción me salvó porque tenía la capacidad de crear otras realidades en las que yo, consciente de ser inventadas, podía emocionarme con ellas las sentía reales y eso es lo fantástico.

Y quizá cuando digo que la ficción me salvó, muchos podrían pensar que no, pero yo recuerdo esa niña extremadamente timida, sola, triste, llena de miedos y cómo, de pronto, a partir de la lectura y la escritura, cambié. Ya la vida no me parecia tan horrible, me parecía divertida.

El mejor regalo que pude recibir después de Tom Sawyer fue una maquina de escribir que me dio mi abuelo. Me pasaba las vacaciones escribiendo diálogos entre personajes con una amiga imaginaria, con un novio. Todo lo que no podía decir en esa normalidad lo escribía y por eso, insisto, me salvó.

¿Cómo has superado tus miedos a través de la ficción y la literatura? 

Yo siento que la literatura sigue siendo para mi un permanente testimonio de mis temores, de mis miedos. No hay obra donde no aborde un miedo. Sigo escribiendo para luchar contra los miedos, esa es mi razón. Sigo escribiendo porque apacigua la ansiedad y angustia que me generan ciertas cosas atemorizantes, la palabra me devuelve durante un tiempo cierta tranquilidad.  Cuando yo tenía miedo a peder a mi abuelo, la literatura me permitió revelarme contra ese miedo y decir muy bien te lo llevas pero yo lo traeré cuando quiera. Y de vez en cuando en mis libros siempre hay un abuelo o una abuela, es mi rebeldía contra esa vida que no puedo controlar, que se me lleva personas y momentos.

Mis libros están atravesados por un lenguaje del humor, es mi manera de abordar temas mas dificil y espinosos. Mi desafio es crear historias entretenidas para hablar de temas dificiles.

El primer cuento que publicas es para tu abuelo

Gracias, es el primer cuento que publico cuando me doy cuenta que mi abuelo está enfermo y con el dolor más grande del mundo. Mi abuelo había sido un personaje importantísimo, el sostén de mi vida. Cuando soy consciente de que mi abuelo se va, como una avalancha de certeza, soy consciente de que se terminó la infancia.

Gracias, María Fernanda Heredia, Colección Garabato

El día que pierdo mi abuelo dejo de ser niña, ya no existe ese personaje que seguía mirándome como si fuera una criatura. Y comencé a ser grande y sentí un dolor de grande. Que me desgarraba como grande, ahí escribí Gracias. Este cuento no lo pensé como un libro de literatura infantil, lo escribí pensando en mí para transformar el dolor y con una manera especial

¿A qué te refieres con la forma en que escribiste el cuento?

Había desarrollado una forma particular de escribir, sin querer o planearlo a raíz de una ruptura de pareja que tuve a los 24 años.  A partir de esa clásica ruptura de telenovela, quedé hecha polvo, fue una ruptura brutal que me llevó a vivir sola porque necesitaba un espacio para llorar en paz, sin mis papás.

Entonces comencé a escribir sobre ese dolor que tenía dentro. Y ese dolor coincide con la muerte de mi abuelo. Yo temía que en cualquier momento mis papás, que estaban preocupados por mi, cuando me visitaran encontraran los relatos que escribía y se dieran cuenta que seguía triste.

Para evitar eso, empecé a escribir textos en los que no hablaba un hombre o una mujer, hablaba en vez una mariposa y una montaña o un oso y una estrella. Jamás se me pasó por la cabeza escribir algo infantil, en realidad, todos esos métodos eran para ocultarme a mi, a mi dolor. Entonces si alguien los leía podían pensar qué bonito escribe María Fernanda y ya está, no pensaban en que fuera algo personal.

¿Cuando se dieron cuenta qué tu eras la protagonista de las historias?

Una amiga encontró en una ocasión la libreta donde escribía y pensó que eran cuentos. Entonces me dijo que los iba a llevar donde un amigo de ella, que era editor de libros infantiles.

Yo no la quise contradecir, ella había estudiado conmigo, era ilustradora, trabajaba en una editorial y se los llevó. En ese instante yo solo pensé ¡Qué pena con el editor!

Unas semanas después, recibí la llamada de ese editor diciéndome que quería publicar todos esos cuentos, eran 15. Quería publicar una colección para niños prelectores, de cuatro a cinco años. Yo solo pensé: ¡Están todos locos, esto no es para niños! El editor pensó que yo era la loca y me dijo que la colección funcionaba, me insitió y acepté.

Entre los cuentos estaba también Cómo debo hacer para no olvidarteque recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil Darío Guevara Mayorga

¡Sí! Cuando gané solo pensaba que el mundo estaba loco porque no entendía como un cuento que era tan íntimo, tan telenovela, primero estuviera publicado en una colección infantil cuando yo no me sentía cercana a la infancia y, segundo, que fuera la razón para que empezara a recibir llamadas de editoriales para escribir.

¿Cómo debo hacer para no olvidarte? - María Fernanda Heredia

¿Finalmente decidiste arriesgarte y escribir para niños?

Sí, después de varios años de trabajar simultaneamente en publicidad y escribir, entré a trabajar a Santillana pero en marketing. Allí conocí el mundo de la literatura infantil porque comencé a leer a grandes autores como Roal Dahl que me hicieron alucinar con sus historias. Y a medida que fui leyendo me di cuenta de qué quería hacer y comencé a escribir y a publicar hasta que en el año 2002 hice mi primera novela, Amigo se escribe con H.

 ¿Cómo nace Amigo se escribe con H?

Después de la ruptura que me llevó a escribir Cómo debo hacer para no olvidarte, que fue toda una descarga emocional, pasan unos años hasta que en 2001-2002 me enamoro de H. H era un amigo colombiano que vivia en Ecuador y él no se enamoró de mí.

Yo escribí este libro por las mismas razones que los anteriores:  no sabía cómo sacarlo de mí. Todo lo rumiaba, se quedaba dentro hasta que no podía más. Así que lo escribí sin ninguna intención de publicarlo, solo de sacarlo, de decir: ¡ay dios, él ya se fue y no le he podido confesar lo que siento porque el piensa que somos amigos!

Igual que en la novela, H me contaba sobre sus relaciones y sus emociones. Entonces escribí la historia y la guardé. Durante unos meses la única que la leyó fue una amiga  que trabajaba como editora de libros de texto escolares.

Ella leyó toda la novela y sabía la historia de H. Cuando terminó me pidió permiso para conservar la copia que le había dado. Yo le dije que sí, siempre y cuando nadie la leyera, sobre todo, H. Después me enteré que ella viajó a Colombia y había postulado mi historia al Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma Fundalectura (2003). 

Amigo se escribe con H de la escritora ecuatoriana María Fernanda Heredia.

¿Y cuando conociste la noticia qué pasó?

¡Casi me muero! La ventaja que tenía era que el concurso era en Colombia así que nadie sabía quién era yo, ni conocía mi historia. Al final me emocionó la fe que tuvo mi amiga, que ni yo tenía en mi. En ese momento pensé, pues no voy a ganar entonces no va a pasar nada. Yo leí las bases del concurso y decían que las obras que no ganan se destruyen y dije bueno ya está la destruyen y H ni nadie sabrá qué pasó.

Pero la historia cuenta otra cosa …

Sí,  pasaron unos meses y me llamaron a decirme que había ganado el premio. No solo eso, mencionaron que el premio consistía en un anticipo económico y en su publicación en TODA Latinoamérica. En ese momento pensé, bueno no creo que vayan a darle tanta importancia en Ecuador. Y tampoco tuve razón. Al día siguiente fue noticia en todo lado y yo solo pensaba en H.

Hacía poco tiempo que H se había ido a vivir a Colombia. La historia no había terminado bien y aunque no tuvimos una relación de pareja, tanto se resquebrajó nuestra relación como amigos que el archivo de la novela lo arrojé a la basura en todas sus formas.  Y justo cuando me anuncian que gané me dicen que necesitan el archivo digital de la novela y yo no lo tenía. Justifiqué que era la autora y mentí un poquito sobre cómo perdí el archivo.

Al final el libro se publica, voy a la Fería del Libro de Bogotá a presentarlo y todo fue alucinante. H me visito en el stand para firmar los libros, él había leído la novela y como decía en el libro era muy buen lector y verlo allí fue como cerrar el ciclo de la historia.

 “La historia mas bonita que teníamos que vivir es esta, la que está en la ficción”, esa fue la dedicatoria que le escribí en su copia.

Creo que hay historias que en la realidad no se dan y que en la ficción es donde encuentran todo el espacio para florecer.

De nuevo aparece la ficción

Yo le doy gracias a la ficción. Porque cuando hay niños que me preguntan porque elegí el final que escribí para H y Antonia les digo que hay historias en las que el mejor final es que dos personajes se digan adiós a tiempo porque si se quedan juntos no habrá “final feliz”.

De tus proyectos, ¿cuál consideras ha sido especialmente importante en tu trayectoria?

Hoy hago lo que hago gracias a Amigo se escribe con H. Nunca imaginé que un amor no correspondido, que me llevó a escribir una historia que era solo para mi,  fuera la puerta más importante para mostrar mi trabajo fuera de Ecuador.

Hablemos de Los días raros, cómo nace esa historia que hiciste con Roger Ycaza y que además fue ganadora del XVIII Concurso del Álbum Ilustrado A la Orilla del Viento.

Roger Ycaza es mi amigo del alma, mi compañero en los 14 -15 libros que hemos trabajado juntos, es un amigo entrañable y tan pronto nos conocimos hubo un flechazo de complicidad en este trabajo de escribir e ilustrar.

Roger es la primera persona a la que yo le entrego un texto para que lea y siempre estamos compartiendo de primera mano lo que hacemos. Entonces, hace unos años, él quería escribir un libro que tenía que ver con sus fantasmas y dolores, me preguntó si lo ayudaba y por supuesto le dije que sí. En esa revisión del material que él había adelantado le propuse que según las frases y las ilustraciones que me envió podía escribir la historia.

Y este libro sucedió a la inversa porque normalmente yo escribo y el ilustra después. En este ocasión tuve las ilustraciones y textos previos entonces me sujeté a todo por respeto a su trabajo y a la historia que me había confiado. Era un dolor, un sufrimiento y un pasado en el que debía caminar en puntitas para armar la historia. Le propuse tres historias.

Me llamo unos días después llorando a mares. Elegimos la historia que los dos sentimos era la adecuada.  Los Días Raros es un cuento de Roger, yo soy un accesorio feliz y agradecido. Esa historia es él, ese adiós y esos días raros le pertenecen. Mi tarea era trasladar al papel y convertir en historias sus sentimientos. Por eso el final dice: “Lo bueno que tienen los días raros es que un día se aburren y se van”.

Los días raros de Roger Ycaza y María Fernanda Heredia

¿Cuál sería el consejo que darías a alguien que se quiera dedicar a ser autor de libros para niños? 

A quien quiere escribir primero le diría que debe leer muchísimo. A veces pensamos que somos capaces de crear historias alucinantes y resulta que hay que pasar por una librería y mirar hacia a un lado o al otro y volver a la tierra. Un escritor debe leer mucho hasta que escuche su voz, que encuentre eso que se va a convertir en su motor para contar historias. Hay que escribir con humildad, con la certeza de que somos obreros de palabras y luego debemos despójarnos de todo prejuicio sobre lo infantil. El hallazgo más grande que he tenido es que lo que yo pensaba de infantil no lo era.

¿Y el mejor consejo que te han dado a ti hasta ahora?

El consejo mas importante que me dieron no fue pensando en la literatura infantil sino en la escritura. Cuando yo trabajaba en publicidad mi jefe me dijo que las tres claves para un nuevo proyecto eran: primeor, escribir con las palabras más sencillas que puedas encontrar, escribir bien no quiere decir escribir con palabras con 25 sílabas. Segundo, escribe para otro ser humano no un académico, permite que las emociones se deslicen por las palabras, de hecho las palabras más bonitas son aquellas empapadas en emociones. Tercero, tu nombre no importa, importa la obra, trabaja para ella. Los aplico todos los días.

¿Qué consejo le darías a los padres para que sus hijos se acerquen a la lectura?

Que lean y sean un ejemplo. Ver a un padre leer con gusto queda en la memoria de los niños. Si hay algo irresistble para cualquier ser humano es una historia bien contada, por eso les diría que lean y que exploren libros para niños y jóvenes.

No tiene chiste recomendar algo que no has leído, que no conoces y que no te divierte.

Informate, déjate recomendar por el librero, escucha a tu hijo y conócelo y que esa curiosidad te lleve a ayudarlo a elegir un libro. Si es irresistible  encontrar o enfrentarnos a una buena histoira, entonces que sea el padre o la madre quien transmita el relato hace que esa relación con la lectura se vuelva natural y aún más especial. A mi me encantaba cuando mi abuelo me recomendaba libros, pensaba que si él me está hablando de uno es porque tenía que ser bueno.

¿Cuáles son tus próximos trabajos?

Estoy trabajando en un proyecto en el que hablo sobre el abuso sexual infantil. Como comenzamos hablando en esta entrevista, hay libros que ayudan para algo y libros que son buena companía, que sucitan y entretienen. Mi propósito con los próximos volúmenes que siguen la historia de Los Fantasmas tienen buena letra (2018) , es que en esta novela corta el lector resuene, haga suyo el texto y se conecte con la historia. Los fantasmas son la representación de un miedo y debemos saber sortearlo.

¿Nos recomiendas un libro?

Un autor al que leo y releo y es Stefan Zweig, La Colección Invisible es mi favorito. También recomiendo a autores como Roal Dalh, su prosa es maravillosa y aborda cualquier tema con un desparpajo que me encanta. Morí de amor leyendo Un pasito y otro pasito de Tommy de Paola. Cuando descubrí estos autores para mi la literatura infantil alcanzó otra dimensión. Conocí a autores como Elvira Lindo y su historia Manolito Gafotas, es una escritora tremenda.

 

‘Amigo se escribe con H’ y la pregunta por la memoria

La primera vez que leí Amigo se escribe con H estaba en cuarto de primaria. Dieciséis años después que lo volví a leer, recordé por qué fue mi libro favorito.

El argumento de María Fernanda Heredia, su autora, es el miedo a la memoria. Una pregunta que tal vez se hace consciente con el paso de los años pero que en la infancia parece más un debate por los amigos lejanos, los abuelos con alzhéimer y el recuerdo del primer amor.

Amigo se escribe con H de la escritora ecuatoriana María Fernanda Heredia.

¿Le tienes miedo a la memoria?

Este libro narra la historia de H y Antonia. Dos amigos de colegio y vecinos que entablan una amistad sin igual. Una primera lectura se aproxima a una historia de amor, una en donde el lector se puede identificar con Antonia y encontrarse en su dilema: enamorarse del mejor amigo y no ser correspondido.

Pero con el tiempo, la pregunta que guía esta novela, la de la memoria, evoluciona. Todavía hoy no puedo responder con certeza a la inquietud que plantea Heredia al inicio de la historia. Quizás cada edad tiene un miedo específico al olvido. 

Y en ese sentido, ¿de qué se trata el olvido? Según la Real Academia Española, el olvido es la cesación de la memoria y el descuido de algo que se debía tener presente. Entonces, cuando eres pequeño, como la protagonista de esta novela, los miedos están relacionados con las arañas, con olvidar a los mejores amigos en vacaciones, cambiar de curso o incluso olvidar como regresar a casa.

Pero cuando ese lector va creciendo se da cuenta que el olvido pueden ser muchas cosas. Se da cuenta de que el olvido es inevitable y de que no es negativo. Se da cuenta que el olvido abre espacios en la memoria para recordar cosas nuevas y quizás mejores. Y es así como el discurso de esta novela breve parece cada vez más íntimo. Porque una vez el lector repasa sus líneas, alcanza las fibras más sensibles y, como todos, tiempo después,  enfrenta un nuevo miedo.

“Yo siempre he pensado que la única muerte que existe es el olvido, que sólo moriremos el día en que aquellos a quienes amamos nos olviden. Tal vez por eso soy escritora, porque quiero ir registrándolo todo. Entonces en esta novela aparece el miedo al olvido y también a ser olvidado. Y es una promesa de memoria que yo deseo cumplir con las personas a las que amo y es también la declaración de que necesito por favor que se acuerden de mí”. María Fernanda Heredia, para la Revista  Imaginaria, 2009. 

¿Por qué es mi favorito? 

Todavía está en mi biblioteca con palabras subrayadas, dibujos y mi nombre en la primera página. Es un texto que cuando lo leí me encantó, lo devoré y ha sido uno de los pocos que permanecieron en los estantes cuando crecí. Es una historia breve, emocionante y tierna. Conecta a los lectores con momentos particulares de su vida: la escuela y los amigos. Es un texto escrito sin pretensiones más que saber que los niños desde su mirada también se plantean preguntas casi filosóficas sobre qué es el ser, qué es la memoria y, por supuesto, qué es la vida.

Premios y reconocimientos 

Amigo se escribe con H fue galardonada en el  año 2003 con el Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil que otorga desde 1995 Fundalectura y el Grupo Editorial Norma. Este premio es un estímulo para los escritores latinoamericanos que se dedican a esta maravillosa tarea de crear historias para niños y jóvenes. Es considerado como el reconocimiento más importante que se otorga en el campo de la literatura infantil y juvenil en América Latina.

Sobre la autora

María Fernanda Heredia (Quito, Ecuador) es escritora, ilustradora y diseñadora gráfica.  Desde 1994 se dedica a escribir libros para niños. Su camino inició por casualidad pero su talento para narrar historias la hacen hoy una de las más reconocidas en en el medio. Ha escrito más de 25 libros, entre novelas y cuentos que siempre retratan momentos de su vida. Algunos de sus títulos figuran en las listas del IBBY, White Ravens, Banco del Libro, Fundalectura y Fundación Cuatrogatos.

En 2014,  ganó con Roger Ycaza el Concurso de Álbum Ilustrado A la Orilla del Viento por su obra Los días raros. 

María Fernanda Heredia

Nueva edición

En febrero de este año la editorial Santillana publicó una reedición del libro, pero esta vez ilustrado por el ecuatoriano Roger Ycaza.

Amigo se escribe con H de la autora ecuatoriana María Fernanda Herida e ilustraciones de Roger Ycaza.

“La palabra también es para jugar”, Maité Dautant

Con Maité Dautant conversamos dos horas sobre libros para niños. Hablar con ella es tener una clase magistral de literatura infantil y tradición oral. Sobre todo, es un gusto poder escuchar a una académica e investigadora ser tan generosa con su conocimiento y experiencia.

Actualmente es profesora de Lengua de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela, es investigadora en literatura infantil, promotora de lectura, especialista en tradición oral y además fue gerente de documentación e información del Banco del Libro de Venezuela.

Nos reunimos para hablar de un libro que leí cuando tenía ocho años, ¡No se aburra! Recuerdo reírme a carcajadas y reconocer en los refranes y adivinanzas muchas de las enseñanzas que mi papá repetía cuando era pequeña. Hace poco, la editorial Cataplum Libros reeditó el libro en una versión muy bella que no pueden dejar de leer y compartir.

Los libros de Cataplum pueden encontrarlos en las librerías de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes (ACLI) como Mr.Fox, Babel y Garabato.

Este libro la reeditó Cataplum Libros.

¿El libro álbum es un género en construcción?

Diría que es un género en transformación, va mutando y adaptándose a distintos públicos como a distintos intereses. Su familiaridad con la novela gráfica y con otro tipo de libros, que son más del mundo de adultos, hace que se genere una cierta familiaridad que se sale del mundo exclusivo de los niños. Además, creo que va cambiando según las tendencias de la ilustración, según los estilos que desarrollen los autores y los intereses del público.

Entonces, ¿Hay literatura para niños o para todos?

Pienso que hay una literatura creada para un público específico. Ciertamente, si es literatura y está construida con la intención de propiciar una experiencia estética que deje una resonancia en el lector infantil, puede funcionar perfectamente para el adulto. Pero, indiscutiblemente, el público infantil tiene unos referentes, una visión, un conocimiento del mundo distinto. Las franjas de edades que manejan las editoriales no son simplemente un capricho o una manera de organizar su trabajo para el plan lector, sino una conciencia de que la formación de un lector es un proceso y cada uno está en un punto distinto de su propio proceso.

¿Cuáles deberían ser esos elementos que debe tener un libro para niños?

Algunos de esos elementos son el tema, el enfoque del tema, el tipo de personaje, la perspectiva del narrador y la perspectiva de los personajes. A partir de los diálogos, por ejemplo, puedes observar y notar si pueden ser comprendidos por niños de cierta edad. Por supuesto, esto no implica que no haya un reto para el lector en algún momento. Pero sí tienen que estar presentes unos mínimos elementos conocidos para que el niño se atreva a entrar en ese libro y esté cómodo allí.

Y es importante tener en cuenta que el libro como objeto cultural no es producto de una sola persona, porque no es el autor que tuvo una idea genial y creó una historia maravillosa, contundente y estremecedora. Ese es apenas el punto de partida del libro. Tras bambalinas está el ilustrador, el director de arte y en medio de todo un editor. Por eso, hace falta que los editores tengan formación, conozcan de literatura, de literatura para niños en particularm, y que además conozcan de niños.

Con esto te refieres también a la sensibilidad para hacer estos productos editoriales…

Sí. El editor debería saber cuáles son los intereses de la generación con la que está trabajando, pero además conocer qué hay en el mercado, qué se está ofreciendo y qué puede ofrecer de diferente o de novedoso. Porque parte del trabajo editorial es propiciar el acercamiento a la literatura, propiciar el gusto por la lectura, no solamente producir un libro que se va a vender. Una editorial ofrece a una persona en etapa infantil la posibilidad de experimentar la literatura y aproximarse a una historia interesante. El verdadero editor tiene un trabajo complejo, de hilar fino como conciliar un texto con un ilustrador, diseñador, con un director de arte para que ese trabajo en su conjunto genere una obra artística.

En ese sentido, ¿cómo entra el adulto mediador a determinar qué tema es para niños y cuál no lo es?

Yo no creo que haya un tema que no se pueda abordar con los niños, el asunto es cómo se aborda y cuál es el enfoque que le das. Conozco diferentes textos sobre guerra, violencia o muerte y la diferencia está en cómo y en qué se dice de eso. Porque esa es una realidad y la literatura habla sobre la realidad. Por ejemplo, no creo que sea necesario que en un libro para niños de siete años tenga que hablar de la violencia o de la muerte con crudeza, porque después de todo la literatura es arte, no es una crónica y tampoco un periódico. La misión es usar el lenguaje para aproximarse a las grandes experiencias humanas desde la función poética de la lengua. Entonces si hablas de las cosas con naturalidad, con humor y realmente creando literatura el lenguaje genera un efecto y una resonancia en ese lector.

¿Cómo juega en esa elección de temas el autor?

Hay autores que escriben conscientemente para niños, pero hay otros que simplemente escriben cosas que pueden interesarle a los niños. En cualquier caso, el que escribe tiene en mente un interlocutor ideal, aunque sea de manera inconsciente, y ese interlocutor le está proponiendo una mirada sobre la realidad a través del arte. En el caso de los autores de libros para niños considero tienen toda la libertad de escoger el tema que sea.

El problema viene cuando hay un adulto mediador que no es lo suficientemente flexible, que tiene prejuicios, temores y no se atreve a dejar el libro al alcance. Si un padre o adulto tiene un prejuicio le va a costar ofrecer una lectura, pero puede dejarlo al alcance del niño para no cerrarle el paso.

Cuéntame más sobre ese paso que los mediadores cierran al libro y quizás no se dan cuenta.

Algunos padres, maestros y bibliotecarios tienen terror a ciertos temas, cosas que piensan que son nocivas y entonces cierran el paso a los niños. Por ejemplo, las listas de libros prohibidos en bibliotecas estadounidenses son lamentables. ¿Por qué vas a censurar un libro porque el niño está desnudo en la portada? ¿Acaso están representando una cosa que no es? O ¿están promoviendo algo más? La respuesta es: no están promoviendo nada.

¿Y qué pasa con algunos títulos que no “deberían” ofrecerse y sí están en la biblioteca?

Si el título en discusión está mal escrito, promueve prejuicios, el maltrato a los diferentes, ahí si debo tener cuidado. Si es un libro que no aporta ni me está ofreciendo una experiencia literaria entonces prestaría atención. El asunto es que los adultos tienen miedo a ciertas cosas y piensan que no es tiempo de hablar de algunos temas y no quieren tener que atender las preguntas que vayan a hacer los niños. El libro en sí mismo no es cómodo, está hecho para incomodar.

A veces hay interpretaciones que no son más que lecturas personales de una obra y marcan al libro.  Los libros tienen diferentes niveles de lectura según quien lo tome.  La rigidez de los seres humanos y la incapacidad de entender que lo que estás viendo es una lectura desde tus experiencias de vida y desde tu historia personal, hace que el adulto le cierre el paso al libro. Esto porque piensa que el pequeño va a ver lo mismo y no es así, porque su capacidad de interpretar es distinta y por supuesto su imaginación lo lleva para otros lados.

Pero cuando van creciendo pareciese que ese adulto mediador se desvinculara de esas decisiones de lectura abriendo camino a buenos y malos títulos, si se puede decir así.

Con respecto a los adolescentes pasa otra cosa, en la infancia uno de los mayores deseos es poder crecer y tener acceso a lo que hacen los adultos: tener independencia y autonomía. Cuando llegas a la adolescencia ese deseo se exacerba porque físicamente tienes más posibilidades. Resulta que el adulto como ya ve que el adolescente es autónomo entonces ya no tiene tanto cuidado de ver que está leyendo.

Ciertamente, la distancia entre el adulto mediador y el adolescente puede favorecer el acceso a temas que para el adulto son un poco incómodos. El riesgo es que sea un libro comercial que satisfaga curiosidades sobre el sexo, la adultez y el alcohol, por ejemplo, y no le esté ofreciendo realmente una experiencia literaria que lo lleve a crecer como lector.  Es por esto que el mediador tiene mucha responsabilidad porque así el adolescente tenga la libertad de escoger, el adulto tiene el compromiso de proponer otras cosas distintas y de mayor calidad.

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Tuve la oportunidad de leer ¡No se aburra! cuando tenía ocho años ¿cómo fue la recopilación de estos textos?

Esto fue un poco a manera de juego. Hace muchísimos años que se hizo la primera versión, en 2006. En ese entonces yo trabajaba en un centro de documentación especializado en libros para niños, era referencista y documentalista. Y para ese momento María Fernanda Paz Castillo, actual directora de Cataplum, me propone hacer una recopilación de la tradición oral latinoamericana teniendo en cuenta mis conocimientos sobre el tema y por mi vínculo familiar a la oralidad.

Así empecé a hacer una recopilación muy grande de toda América Latina y lo primero que incluí fueron todos esos refranes que yo escuché en mi vida y me habían enseñado desde mi casa. Después hice una investigación más profunda, y decidimos que el libro tuviera más elementos de humor que llamara a la risa y al final decantando todo el contenido, quedó plasmada mi experiencia familiar.

¿Por qué crees que el libro tuvo tanta acogida en ese entonces y ahora?

Este libro funcionó porque está pensando con la intención de que mueva a la risa y a los niños y con la consciencia de que no es un libro para niños pequeños. La razón es porque hay ciertas formas de humor que uno no desarrolla hasta después de los siete años.

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¿A qué te refieres con las formas de humor?

La ironía, la parodia, y el sarcasmo son formas de humor que uno termina de comprender a partir de los siete años. En la primera infancia, la risa la provoca la inversión, la torpeza, el disfraz, y las cosas escatológicas. Pero la forma más compleja de humor, por un asunto de desarrollo cerebral, se entiende mejor, cuando los niños son más grandes. Esto no quiere decir que no pueda leerlo un niño pequeño, porque hay juegos de palabras que no son de mucha complejidad y que podrían entenderlo.

¿Cuál es el valor agregado que ofrece este tipo de libros con juegos de palabras ?

Este libro le da un pequeño poder al niño. El poder de saber algo que quizás alguien más no sabe. Es un libro que te permite el juego con el otro y uno de los dos tiene la respuesta. Puedo incluso burlarme un poquito del interlocutor que seguramente no va a dar con el acertijo que le proponga. Así que entre la primera experiencia de risa con el juego de palabras, después probarlo con alguien más, tener una pequeña víctima y reírte, esto le da otra dimensión al libro.

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¿Cómo entra a jugar un rol la oralidad en la formación de los niños?

La oralidad forma el oído. Desarrolla en el niño la comprensión del ritmo de las palabras, y entender las rimas, coplas, adivinanzas. Pero además aproxima al niño a la sabiduría popular y a nuevas maneras de ver el mundo. Quizás el elemento más importante es que ofrece al niño la posibilidad de jugar con la palabra.

La palabra no solo es para aprender a leer y escribir o para hablar correctamente. La palabra también es un material con el que se puede jugar, que se presta para ese propósito.

¿Qué pasa con el adulto mediador cuando se aproxima a estos libros?

De manera inconsciente, hay mediadores que piensan que este libro realmente no es lectura, que no les aporta nada. Piensan que son libros ligeros, que no están formando a un lector para que se aproxime a la literatura y eso es lamentable porque le cierran el paso a una experiencia importante con el lenguaje.

Además, muchos desconocen que la lengua tiene un ritmo y el ritmo no solo está en la poesía también está cuando tu lees narraciones y según la situación puede ser acelerado o lento. Por ejemplo, con la palabra tu puedes representar la agitación de un personaje o la tristeza o la emoción.

La verdadera oportunidad que da este libro para los adultos y los niños es aproximarse a la lectura de una manera distinta dándole vida al texto a través de la oralidad.

Por eso los padres o mediadores necesitan una guía para saber como llegar a estos libros de rondas, canciones …

En la Feria del Libro de Bogotá, el pasado mes de abril, observé a padres que no querían escoger libros que tuvieran juegos de palabras, les decían a los niños: “agarra lo que tenga más texto, lo importante es que leas bastante”. Y la realidad es que así no funciona. Lo importante no es la cantidad de palabras que tenga el libro, el libro puede tener 200 páginas y no interesarle. La clave está en que ese el libro sea el gancho para que el niño se aproxime al libro como posibilidad de entretenimiento.

Esto convierte a los niños y a los padres en transmisores de tradición oral, de ese saber popular que con el tiempo se ha ido perdiendo. Y además abre la ventana al padre y al niño de tener un momento juntos para un juego, para saber que abre el espacio para la familia y la posibilidad de jugar.

¿Qué consejos le das a los padres ahora que mencionas su labor como mediadores de la lectura?

 Los hijos no vienen con manual y ser papá tampoco. Por eso mis consejos para los papás dan inicio con una premisa: el padre debe tener un real interés por su hijo, compartir momentos y comunicarse.

  1. Debe comprender que el niño es una persona distinta a él.  Por consiguiente, no puede pensar, actuar, sentir o necesitar lo mismo que él, ni en su infancia ni en otro momento.
  2. El niño es una persona que está pasando por un momento de vida diferente al que tiene el padre. Es una persona que está descubriendo el mundo y tendrá hipótesis sobre él, unas erradas y otras acertadas. El padre tiene el compromiso de ayudarlo a verificar esas hipótesis y orientarlo para que entienda y vea cómo es la realidad.
  3. Un adulto mediador debe conocer los intereses del niño para saber qué ofrecerle o cómo acercarlo a ese libro para iniciar su camino a la lectura.
  4. Cuando un niño pide a su papá que lea el mismo libro todas las noches no es por que sí. Los niños necesitan rutinas y repetición para fijar conocimientos y experiencias. La repetición en la primera infancia brinda seguridad y certeza sobre lo cotidiano. Cuando repite una historia, él la experimenta.
  5. Si quiero que el niño lea otra cosa puedo ofrecerlo en otro momento de la rutina. Para aproximarme con otro título le puedo proponer leer algo antes y luego su favorito que es el que necesita para calmarse antes de dormir.
  6. No todos los niños están interesados en los libros o en leer y escribir. Es importante que el adulto mediador ofrezca la experiencia porque es fundamental para la vida del ser humano, nosotros habitamos la cultura escrito. Por eso es crucial que los niños y adolescentes tengan la oportunidad de vivirlo como una experiencia gratificante y no como imposición.

¿En qué estas trabajando ahorita?

Soy docente de lengua de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela y mi misión es investigar como ayudar a mis estudiantes a aprender a escribir sin demasiado sufrimiento (dijo entre risas). Ahora, estoy trabajando en una recuperación de un texto de tradición oral algo así como la versión venezolana de Piel de asno de Charles Perrault. También estoy dando talleres de exploración literaria para adolescentes escritura en Liebre Lunar.

Recomiéndanos un libro que pueda crecer con el niño y un autor que te guste

El libro, Un lunes por la mañana de Uri Shulevitz  y el escritor, Triunfo Arciniegas

León y Ratón, una historia de amistad

Ratón no quiere ser el desayuno de León entonces le promete que si no lo come devolverá el favor con otro favor.

Este libro escrito por Jairo Buitrago e ilustrado por Rafael Yockteng y publicado por Cataplum Libros reinterpreta la fábula de Esopo y La Fontaine: de favor se paga con favor a una historia de amistad entre león y ratón. Un libro álbum clásico que explora a través del humor cómo pueden ser amigos estos dos personajes antagónicos.

Leon y Ratón

La fábulas son narraciones literarias cortas y breves, normalmente escritas en verso. Suelen dejar un mensaje para el lector. Esopo, a quien se le atribuye la autoría de León y Ratón, era una fabulista de la Antigua Grecia y Jean de la Fontaine fue uno de los autores que reescribió y adaptó dichas fábulas en el siglo XVII. Algunas de las más conocidas son: el cuervo y la zorra, la liebre y la tortuga, la gallina de los huevos de oro, entre muchas otras.

Los libros de Cataplum pueden encontrarlos en las librerías de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes como Mr Fox, Babel y Garabato.

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El león y el ratón, ilustrado por Milo Winter en una antología de Esopo de 1919.

 

El trazo espontáneo de Juan Camilo Mayorga

Las ilustraciones de Mayorga son espontáneas, apenas unos pocos colores para componer el sentido de la imagen y trazos libres, desprevenidos, tranquilos, sin pretensiones técnicas. Así le gusta dibujar. 

Juan Camilo tiene 28 años y es diseñador gráfico de la Universidad Nacional. Después de tomar un curso de ilustración infantil en la universidad decidió aprender a dibujar para estos fines. El destino puso en su camino a Carlos Riaño, uno de sus grandes maestros, dice él, y a quien debe todo lo que sabe sobre los libros álbumes ilustrados. Desde ese momento, se ha dedicado a explorar textos y autores para comprender las narrativas y códigos visuales de estos productos editoriales.

Ciudad roja, por Juan Camilo Mayorga.

¿Cómo fueron tus comienzos en el ámbito de la ilustración?

Juan Camilo Mayorga (J.C.M.): Llegué por azar a la literatura, llegué por la imagen. A través de experimentación técnica me enfoqué en la narrativa y por eso me defino como ilustrador.

¿Cuál fue tu primer proyecto a nivel profesional?

J.C.M.: Mi primer proyecto profesional inició cuando María Fernanda Paz-Castillo, editora de literatura infantil y juvenil de ediciones SM, me contactó para ilustrar una reedición del libro Nicolás aprende los números de Darío Jaramillo. Conocí a María Fernada través del ilustrador Diego Sánchez, conocido como Dipacho, porque trabajamos juntos en la universidad. Este libro, que publicamos en 2012, hizo parte de mi proyecto de grado como diseñado gráfico de la Universidad Nacional.

 

El trazo espontáneo de Juan Camilo Mayorga
Nicolás aprende los números, fue el primer proyecto profesional que ilustró Juan Camilo Mayorga.

¿Ha habido algún trabajo que consideres especialmente importante en tu trayectoria hasta ahora?

J.C.M.: Ilustré un texto que es muy especial para mí. Se llama Los aeropuertos del escritor colombiano Jairo Buitrago y lo publicamos en 2014 con la editorial mexicana Castillo. Allí mezclé la acuarela con la línea y fue el primer libro que hice con él. Desde ese texto mi técnica fue más limpia y precisa. Me gustó porque el libro tuvo una acogida linda por los lectores y marcó la evolución de mis trazos.

El trazo espontáneo de Juan Camilo Mayorga
Los Aeropuertos, Jairo Buitrago.

¿Qué técnicas sueles utilizar?

J.C.M.: He utilizado la acuarela porque me da flexibilidad.  A través de técnicas digitales armo un collage con cada una de las partes que dibujo a mano y compongo la ilustración en el computador para que sea más eficiente el trabajo. Además, antes de definir qué técnica de dibujo voy a utilizar, elaboro un storyboard para tener un mapa mental del ritmo del libro y tener un sentido compositivo con la tipografía que vaya a utilizarse.

¿Cómo es tu proceso creativo para ilustrar las historias?

J.C.M.: El proceso parte de la intuición. En el inicio no me cohíbo de nada, no pienso en resultados o en la técnica. Si hay una imagen latente apenas la tengo me pongo a trabajar a ver que resulta de ahí. Cuando trabajo sobre un texto, lo primero que hago es analizar el storyboard antes de explorar técnica y armar el tejido narrativo con las imágenes. También, para mí, uno de los elementos más importantes en el libro son las guardas, son un espacio narrativo que da inicio y fin a la historia. Los libros que he tenido la posibilidad de ilustrar tienen un tono poético parecido que encaja muy bien con mi trabajo.

¿Cómo fue tu proceso creativo con ¡Qué suerte tengo!?

J.C.M.: En este libro hice bocetos que terminaron siendo las ilustraciones finales. Después de entender el ritmo visual de la historia me gusta que fluya la inspiración y la frescura. Me he ido liberando de pretensiones de perfección con el dibujo. Me gustan más los trazos desprevenidos y tranquilos, sin pretensión técnica y de alguna manera mis dibujos han estado en concordancia con los textos que quiero ilustrar. En este libro hice cosas sutiles como demarcar espacios para diferenciar los espacios en los que está José con su hermano y cuando juega con Carlitos. La doble página que más me gusta es la que está en negro y tiene un texto en braille porque al final el objetivo de una imagen es dar un mensaje con los mínimos elementos.

El trazo espontáneo de Juan Camilo Mayorga
¡Qué suerte tengo! de Lawrence Schimel. Novedad infantil de la editorial Rey Naranjo este año durate la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

¿Qué te sirve cómo fuente de inspiración cuando tienes un bloqueo creativo?

J.C.M.: Es difícil salir del bloqueo, pero siento que nunca he sido de recibir inspiración sino de sentarme a trabajar hasta que algo que funcione.

¿Cuándo ilustras reflejas experiencias personales?

J.C.M.: Sí, siempre. Me gusta dejar mensajes, marcas en mis historias o un interés personal. Por ejemplo, en el libro de Los aeropuertos hay una doble página con una librería y los textos que dibujé en esos estantes son de mi interés. Entre ellos, está el libro de Darío Jaramillo, el primero que hice, un libro de Javier Mariscal, que admiro muchísimo, y un libro de Paul Klee que marco mi gusto por la acuarela. Las imágenes tienen códigos visuales y el que los entiende puede no solo leer el texto sino las ilustraciones.

Además de hacer trabajos como ilustrador y diseñador, ¿trabajas en otros proyectos editoriales?

J.C.M.: Sí, he trabajado en diferentes proyectos editoriales de manera independiente. Entre ellos, con una publicación financiera de Estados Unidos que se llama Plansponsor. La directora de arte, SooJin Buzelli, me contactó para incluir ilustraciones en varios textos de la edición. También trabajé con El Espectador para el proyecto de Colombia 2020, allí ilustré un texto de Beatriz Helena Robledo que se llama La mirada de Yadir.

¿Cuál sería tu proyecto ideal?

J.C.M.: Siempre he querido trabajar en gráfica de entorno. Me gusta el diseño de interiores donde pueda intervenir un espacio con ilustración. Me encantaría trabajar en un proyecto de este tipo para jugar con materiales en espacios tridimensionales para contar una historia o simplemente por el placer de contemplar.

¿Cuáles son tus referentes, lo que te inspira o te influye?

J.C.M.: Javier Mariscal, Saul Steinberg y Tomi Ungerer. Ellos tres son referentes claves para mi trabajo. No tiene pretensiones técnicas, van al grano con lo mínimo de lo visual. Me gusta más esa exploración que el virtuosismo. Para trabajar siempre estoy en estado de contemplación, trato de que las cosas no pasen desapercibidas, soy observador para poder dar con la esencia del objeto y reflejarlo en las historias.

¿Cuál sería el consejo que darías a alguien que se quiera dedicar a la ilustración?

J.C.M.: Les diría que deben trabajar hasta que los dibujos hablen por sí solos y no quedarse solamente en la técnica.

¿Cuáles son tus próximos trabajos?

J.C.M.: Estoy trabajando en un nuevo proyecto con Jairo Buitrago que se llama Unas Personas. Un texto bello sobre momentos de la vida donde cada página funciona de manera independiente.

Nos recomiendas un libro

Recomiendo toda la obra de Oliver Jeffers para los niños, en especial un libro que se llama el Corazón en la Botella. También los libros de Tomi Ungerer y su libro Moon man.

“Los libros son ventanas de experiencias ajenas”, Lawrence Schimel

Lawrence Schimel comenzó a escribir cuando terminó de leer todos los libros que tenía a su alrededor.

Con diez años leía novelas de 300 páginas de fantasía y ciencia ficción. Leyó todo lo que tuvo en casa y en la biblioteca de su escuela. En ese momento, cuando no tenía un libro bajo el brazo decidió escribir sus propias historias. A los 16 años publicó sus primeros relatos. Como era menor de edad sus padres tenían que firmar los contratos. Solo podía hacer tres cosas mientras era menor: escribir, enviar las propuestas y recibir rechazos, “porque rechazan mucho”, dice Schimel.

Lawrence nació en Nueva York en 1971 y vive en Madrid, España desde 1999. Escribe en inglés y español y ha publicado más de 100 títulos y sigue recibiendo rechazos de editoriales “no hay que tomarlo personal, sino encontrar el editor adecuado para el proyecto y eso toma su tiempo”. Y eso fue lo que hizo cuando encontró a la editorial Rey Naranjo para trabajar su proyecto Qué suerte tengo que tardó cuatro años en editarse. Hablamos con él sobre su trabajo creativo y este proyecto que presentó en la Feria Internacional del Libro de Bogotá y que ilustró el colombiano Juan Camilo Mayorga.

¿Cómo nace ¡Qué suerte tengo! ?

Lawrence Schimel (L.S.) : Quise contar una historia diferente. En vez de decir “oh, qué pena mi hermano es ciego” construí el relato a partir de las ventajas de la discapacidad visual de José. Con esto, me refiero a que tenga buena memoria porque recuerda dónde está todo en la casa o cuando los padres apagan las luces y él en secreto usa la linterna para seguir leyendo.

¿Cuál es la importancia de escribir sobre temas de inclusión en  literatura infantil? 

L.S.: En mis historias pretendo dar otra cara a muchos temas de inclusión que son más un reflejo del mundo actual, que es diverso y plural.  Me di cuenta que en general no producimos textos para niños que reflejen estas realidades. Para mi los libros sirven primero como espejo, es decir, todos necesitamos vernos reflejados en la cultura y cuando no te encuentras es negativo para el autoestima como para las personas que no te reconocen. Pero también, los libros son una ventana porque acercan a los lectores a experiencias ajenas, ayudan a crear empatía y a reconocer las conexiones.

Te importa hablar de la inclusión porque somos un mundo diverso, ¿existe alguna experiencia personal que te motive a escribir sobre estos temas?

L.S.: No, no tengo una experiencia personal. Por ejemplo, con ¡Qué suerte tengo! en concreto no tengo familiar ni nadie ciego en mi circulo personal, por eso no surge de una necesidad. Es un libro que tiene ambas características de ser espejo y ventana. No es un libro que escribo desde esa experiencia personal, pero identifico la laguna de esas experiencias y escribo un libro para contrarrestar eso.

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¿Cuál fue la ventana que abriste, por ejemplo, con tu libro Somos Iguales

L.S.: Somos Iguales, es un libro que surgió porque me di cuenta que todos los libros sobre niños adoptados solo versan sobre el momento de la adopción y luego desaparecen de la cultura, no hay niños adoptados en otras historias. Entonces esos libros son más espejo que ventana y los padres, no suelen comprarlos, o los maestros, leerlos. Por eso, me pareció importante abrir la ventana al mostrar a los lectores que estas familias son simplemente familias. En el libro nunca dicen que Kwame es adoptado o que por su color de piel sea diferente. Simplemente este personaje ser como sus padres y su hermano porque usan gafas así no tenga problemas de visión.

Y, ¿cómo escribir sobre temas de inclusión sin caer en el error de ser solo espejos?

L.S.: El tema del libro es el sustrato de la historia. Lo más importante es que las ilustraciones reflejen el mundo multicultural implicito en la historia y que se integren los dibujos con la escritura. Cuando se escribe sobre temas de inclusión ocurren varias cosas. Entre ellas, que la temática es el único motor de la historia. Por ejemplo, solo importa si el personaje es ciego y la historia versa sobre la ceguera. En segundo lugar, cuando pretenden crear diversidad familiar, muchas veces no existe tal. Los modelos de familia en la literatura infantil todavía tiene un vacío en esa representación femenina como las madres solteras. En tercer lugar, los prejuicios se manifestan pasiva y activamente. Los niños simplemente viven en el mundo y solo aprenden los prejuicios cuando un adulto les dice algo o les llama la atención. Particularmente, en temas de inclusión, uno de los pecados es ser dogmáticos o pedagógicos, en vez de contar una historia que tiene como trasfondo el tejido social del mundo en que vivimos y que los niños reconocen.

¿Cómo es tu proceso para crear estas historias?  

L.S.: Yo suelo escribir muy rápido, después de un tiempo de pensamiento. Así que muchas veces dejo ideas en reposo o una inquietud. El reto en escribir para niños es hacer accesible sus referencias. Yo creo que uno puede escribir sobre cualquier tema del mundo para jóvenes o adultos, porque ellos viven también en el mundo y no podemos subestimar su inteligencia. Ellos saben qué pasa, reconocen el sexo, la guerra, el conflicto armado y finalmente las noticas están en todas partes. Sería una equivocación no darles la información, lo más nocivo para cualquier persona es la ignorancia. Lo más importante al momento de pensar en escribir para niños es contar una historia divertida que los enganche y que respete su inteligencia.

Entonces, ¿escribir para niños es diferente de escribir para un lector adulto? 

L.S.: Un libro álbum ilustrado, que es el tipo de libro infantil que yo escribo, es distinto a la literatura juvenil o young adult. Este tipo de textos son perfectos cuando los jóvenes tienen poder adquisitivo para elegir los libros que quieren leer y leen cosas muy diversas. Pero cuando eres un niño, son los adultos, las editoriales y las bibliotecas quienes deciden qué comprar, publicar y tener disponible en sus estantes. Por eso existen barreras para que un libro llegue a cierto público. Con un libro álbum hay una doble lectura, un lector joven y un prelector leyendo con un adulto. Así, tienes un adulto leyendo el libro y el niño. Un álbum ilustrado, aunque oficialmente es para niños, el adulto es más participe de la historia al leerlo.

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¿Por qué es clave el apoyo de las editoriales independientes para publicar este tipo de contenidos?

L.S.: La mayoría de veces los temas de inclusión se publican en editoriales independientes porque abogan por esos temas de una manera que muchas de las editoriales comerciales piensan que son solo espejos. Es decir, solo para ese público reflejado y  piensan que no son ventanas para que más lectores puedan abrir y reconocerse.

¡Qué suerte tengo!, es un buen ejemplo. Yo entregué el texto a los editores de Rey Naranjo y tardamos cuatro años hasta que el libro se publicó. Durante ese tiempo  nuestra misión era encontrar el ilustrador correcto. Juan Camilo Mayorga, el ilustrador, logró una narrativa visual genial que hace del libro un gran álbum ilustrado porque se pude leer el texto o la ilustración independiente.

¿Qué consejos darías a los padres para leerle a sus hijos? 

L.S.: Primero, les diría que la lectura no solo es una actividad para hacer justo antes de dormir. Está bien generar el hábito, pero la sociedad en la que vivimos no valora la lectura, no hay modelos de que la lectura es sexy o divertida. Por eso, es importante que los niños vean a sus padres disfrutando de la lectura y de esa manera compartir la lectura con los prequeños. Segúndo, es importante generar la hora del cuento con prelectores desde muy pequeños para que ellos aprendan a pasar la página y conozcan el ritmo de la lectura.

¿En qué proyecto estás trabajando ahora?

L.S.: Este año estoy trabajando una historia sobre el cambio generacional de padres analfabetos a hijos que han aprendido a leer. Lo voy a publicar con una editorial de Brasil. De momento se va a llamar Buenas noticias o malas y es un álbum ilustrado.

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“24 Señales para descubrir a un Alien”, una historia imperdible de Juliana Muñoz Toro

Es la primera vez que Juliana Muñoz Toro vivirá la Feria Internacional del Libro de Bogotá como autora. El próximo martes 1 de mayo a las 3:00 de la tarde estará presentando su libro “24 Señales para descubrir a un alien” en el Auditorio Carpa Rafael Pombo. No se lo pueden perder. 

Hablamos con Juliana Muñoz para que nos contara más sobre su proceso creativo de escritura en su primera novela, y el camino que ha recorrido para escribir no solo este título sino Mi hermana Juana y las ballenas del fin del mundo, publicado para el plan lector de Planeta en 2017. Este año publicará una novela con la editorial Planeta y libro para niños con la editorial Norma.

Su primera novela 24 señales para descubrir a un alien ganó el Premio Internacional de Novela Juvenil de la editorial Tragaluz, Colombia, en 2016, y fue seleccionado para la lista internacional White Raven. Con 29 años y una gran imaginación cuando se trata de escribir para niños esta Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Javeriana  dejó a un lado el ritmo de los diarios y las noticias para enfocarse en un proyecto más importante, escribir ficción.

24 señales para descubrir a un alien

 

¿Cómo construiste la voz de Benjamín, el protagonista de la historia? 

Juliana Muñoz (JM): Construir la voz de Benjamín fue lo más difícil. Tampoco sabía si era la voz de un niño y después de mucho reescribir y buscar a Benjamín definí que necestaba una voz honesta, no forzada o que tratara de parecer un niño porque son los errores comunes. Me di cuenta que este personajes no es la voz del niño de la infancia, ni la que representa a todos los niños del planeta. Todos los niños son distintos. Esta voz es la de Benjamín un niño meditabundo, solitario y un poco parecido a cómo era yo cuando pequeña, que observaba el mundo que se cuestionaba cosas de una manera sencilla e imaginativa. Siempre busqué que fuera coherente durante toda la historia. Lo más importante es saber que no podemos subestimar a los niños pensando que no pueden reflexionar.

¿Este libro está basado en alguna experiencia de tu infancia? 

JM: Antes que la infancia, la inspiración de este libro fue la figura del padre. Surge de una duda personal del personaje que es mi padre y buscar comprender esa imagen que fue para mí. Como muchos de los escritores lo que hacemos con nuestras dudas fundamentales de la vida es escribirlas. En ese extraterrestre está mi papá pero para convertirlo en ficción me alejo de mi historia porque la realidad no es tan estética como la ficción, la realidad no puede tener tanta fantasía.

De ahí que me guste escribir ficción, quería darle la vuelta a la historia. No buscaba ser una mujer adulta evaluando a un padre, si no un niño que lo interprete, lo cuestione y se pregunte quién es este hombre que está en la casa. Entonces después de establecer esta conexión con el padre, me remití a mi infancia. Llegó un punto en el que estaba escribiendo a Benjamín como un niño perfecto pero los niños no son perfectos, también son pícaros.

Por ejemplo, me pregunté que hacía yo cuando era pequeña y una de esas cosas era matar hormigas de las formas más terribles, de ahí que una escena de Benjamín fuera esa para darle un sentido de carne y hueso al personaje. El padre de Benjamín era malísimo y la verdad es que los seres humanos no son buenos o malos, tienen matices entonces eso es clave al momento de crear esas voces y personajes.

Y, ¿qué pasa con la figura de la madre? 

JM: Al personaje de la mamá de Benjamín también lo tuve que matizar, porque para mí el ejemplo es mi mamá y yo la veo siempre buena. La mamá en esta historia es un personaje que hace un balance entre los personajes contando también eventos paralelos que sucedían.

¿Por qué la defensa de una niño puede ser creer que su padre es un extraterrestre? 

JM: Porque para un niño no es claro todo lo que hace su papá. No entiende por qué es violento, se comporta mal, es solitario, no tiene amigos y no es bueno con su mama. Entonces su manera de verlo es pensar que es extraño y lo extraño para él es extraterrestre y, por supuesto, es un elemento que atrae a los niños.

Pero el extraterrestre no podía ser como cualquier otro… 

JM: Exacto, tenía que inventarme un extraterrestre. Podía usar referencias como la de aliens de la película Hombres de Negro donde había un extraterrestre chiquito en la cabeza de un cuerpo. Entonces, en vez de pensarlo así lo asocié al corazón porque afecta a los sentimientos y por eso el extraterrestre del papá de Benjamín vive ahí. Los platillos voladores, por ejemplo, definí que no vinieran del exterior del universo sino del centro de la tierra. Así cree mi propio mundo de aliens.

“Dentro de papá vive un alien pequeñito que lo controla. Por eso hace cosas que no me gustan. Por eso se comporta como si fuera de otro planeta. Le grita a mamá y a mi casi no me habla. Da órdenes cuando llega del trabajo. Tiene hambre todo el tiempo. No le gusta salir a pasear ni nada de lo que hace la gente. No tiene amgios. Su plan es conquistar el mundo y debe empezar por nosotros”. 

¿Cómo fue el proceso de creativo? 

JM: Cada libro tiene su propio proceso creativo. Cada libro nace en formas distintas y se desarrolla de formas distintas. En esta historia en particular tenía la idea del padre pero no sabía cómo abordarla porque es un tema sensible para mí. Por eso el proceso empezó con una escritura muy cruda, desahogando mis sentimientos y sin quererlo empecé a esbozar ese personaje. Después me pregunté cómo lo convertiría en ficción, qué elementos podía ponerle a la esa historia. De ahí definí que la voz narrativa era la del niño, y en un constante ensayo y error definí la voz en primera persona para que la historia fuera mejor contada para los niños y que los adultos la leyeran también. Maticé la historia con fantasia. Arranqué a escribir incluso sin saber cómo iba  aterminar la historia.

¿Cómo te acercaste con tu manuscrito a Tragaluz?

JM:Había participado en dos oportunidades en concursos de escritura y en 2016 participé en una tercera vez en uno de nuevas plumas y les gustó mi manuscrito.

¿Qué proyectos vas a publicar este año? 

JM: En junio voy a publicar con la editorial Planeta Los últimos días del hambre una novela para adultos sobre trastornos alimenticios. En julio voy a publicar con la editorial Norma un libro para niños sobre el matrimonio infantil llamado Un diario de dos Lunas,  y en alianza con la editorial Milenio de España voy a publicar en castellano y catalán 24 señales para descubrir un alien. 

¿Qué aconsejarías a jóvenes escritores para empezar a crear sus historias? 

JM:Tengo dos consejos, leer y escribir. Lean todo tipo de literatura, con eso podrán identificar temas, estilos y formas. Escriban, sin miedo y si un camino claro. Si quieren escribir, escriban. Antes de pensar en cómo va a acabar el libro o en limitarse con una lista de chequeo previo para empezar a escribir, lo más importante es hacerlo.

24 señales para descubrir un Alien

Almadraba Editorial llega a la #FILBO2018 con nuevas propuestas de LIJ

El sello editorial español llega a la FILBO con la expectativa de ampliar la oferta en el mercado de literatura infantil y juvenil. 

Este 2018 llega la Feria Internacional del Libro de Bogotá la editorial española Almadraba acompañada de su distribuidora Promolibro con una nueva colección de literatura infantil y juvenil para fortalecer procesos de aprendizajes. Pueden encontrar sus libros en el stand 346 en el Pabellón Infantil de Corferias.

Tuvimos la oportunidad de hablar con Arnau Grifoll, director de la editorial, para que nos contara un poco más sobre las colecciones para estos pequeños lectores.

¿Qué está ofreciendo el sello Almadraba a Colombia?

Arnau Grifoll (AG): Almadraba es una editorial que nació en 1994 en Barcelona, España, con el fin de cubrir una necesidad de ofrecer mejor calidad en el aprendizaje de la lengua castellana. A raiz de eso, hace 10 años creamos la división de Literatura Infantil y Juvenil y de ahí nos expandimos a nivel internacional. En Colombia llevamos cuatro años trabajando con nuestra distribuidora Promolibro ofreciendo una nueva colección y ampliando nuestros títulos y novedades.

¿Cuáles son sus novedades infantiles?

AG: Tenemos una colección nueva para niños de dos a cuatro años que se llama Si yo fuera. Esta colección busca que el pequeño se conozca si mismo a través de los animales, por ejemplo, Si yo fuera un Elefante. Buscamos que cada animal tenga una particularidad y que de algún modo en su viaje de la vida vaya conociendo y aprendiendo nuevos conceptos. Además en cada página hay una actividad y los libros son interactivos para que los padres o los maestros puedan hacer un acompañamiento.

¿Qué autores e ilustradores hacen parte del catálogo de Almadraba? 

AG: La autora de Si yo fuera es Ana Galán y su ilustradora es Mariana Nemitz. Galán es una reconocida escritora de libros para niños en España y Nemitz es una ilustradora argentina. Siempre buscamos que nuestros colaboradores formen parte de los países donde encuentran nuestros sello. En nuestra página pueden encontrar nuestro amplio catálogo.

 ¿Cómo construyeron el catálogo de Mis primeras páginas

AG: Mis primeras páginas es una colección para primeros lectores, donde los niños se aproximan a los libros. A través de una lectura fácil y construcciones de oraciones sencillas, presentamos una historia atractiva para que devoren cada página. Son libros pequeños con ilustraciones que al final de narración tiene una actividad: pintar, colorear o resolver un acertijo para hacer la lectura más completa.

¿Considera que realmente existe una diferencia entre los libros para niños y los que no van dirigidos a ellos? 

AG: Uno se puede acercar a leer todo tipo de títulos. Pero debes especializarte en el tipo de público  y las edades en públicos infantiles son especialmente sensibles. Un niño de cuatro o seis años no es lo mismo que un adulto. Por lo tanto el concepto, el conocimiento, el mensaje y el contenido que se trata de comunicar tiene que ser muy específico. Es necesario tener en cuenta que los niños no han desarrollado su conocimiento completo, tienen que continuar con su proceso de aprendizaje a través de la escuela y  los padres que juegan un rol muy importante.

¿Cuáles son sus recomendados para la #FILBO2018? 

AG: Les recomendaría la colección Como tú y sin ti, que trata la historia de las aventuras de un conejito y un cerdito. Son libros enfocados en la inlcusión social y en la aceptación.

¿Qué diferencia este sello editorial de la oferta que encontramos de libros infantiles en Colombia? 

AG: Nos diferenciamos porque somos un sello que en su orgien era de ámbito escolar. Por lo tanto siempre buscamos impregnar en cada una de nuestras colecciones un conocimiento con componente educativo. Una de nuestras colecciones más bonitas se llama Toni y Tina, para gestionar las emociones de los niños y niñas mediante historias cotidianas. Se hizo en conjunto con el Hospital Materno Infantil Sant Joan de Déu de Barcelona para que con el equipo de pedagogos y médicos crearamos un libro sobre emociones positivas y negativas. Cada libro viene acompañado de un peluche de un conejito donde el niño puede jugar para identificar las emociones y, por ejemplo, mover sus orejas según el estado de ánimo que ilustre la historia. Además de este caso, todos los títulos de la editorial tienen actividades para que los niños interactuen con las historias  como descargables para pintar y colorear.

T&T PELUCHES